Sure, ya sabes que yo te animo a ir a China! y si necesitáis que os eche una mano aquí estoy!
Os cuelgo el siguiente capítulo, espero que os guste!
10 de octubre de 2007: Pingyao-TaiyuanEl despertador nos sonó muy temprano, tuvimos que ponerlo al no ser Pingyao la última parada. Aún así, ya nos venía una china a despertar por si acaso. Recogimos las cosas, y en un ratito llegamos. En la ciudad hacía frío y llovía, estaba un día muy desapacible

Por suerte, la mujer del día anterior se ofreció a ayudarnos. Al principio pensábamos que algo querría, pero no, fue encantadora y se portó genial con nosotros. Nos dijo que si queríamos podíamos dejar las mochilas en su albergue mientras veíamos la ciudad, y hasta esperó para ver si podíamos comprar los billetes de tren a Beijing. Nada, era imposible... Aceptamos su ofrecimiento, y pillamos un rickshaw hasta el Harmony Guesthouse, por 10 Y entre todos. Al cabo de un rato estábamos allí, con una taza de té caliente...

se estaba genial, mientras que fuera parecía que casi había que andar en piragua, llovía a cántaros. La mujer del Harmony nos dijo que si queríamos intentaba conseguirnos ella los billetes a través de un contacto en Taiyuan, por una módica comisión, y aceptamos. Si no había suerte, siempre nos quedaba la opción de los buses a Beijing, aunque no fuera tan cómodo.
Ya puestos, decidimos desayunar (estaba todo muy bueno), y Jorge, que aún no estaba bien del todo, pilló una habitación individual para descansar un poco y recuperar fuerzas. La casa estaba muy chula, era de época Ming y se conservaba bien, con su pequeño patio rodeado de habitaciones (por si alguien se queda en Pingyao, en algunas tienen camas tradicionales estilo Kang, algo que puede encontrarse en pocos lugares). La habitación de Jorge daba al patio y era pequeña, pero cómoda

El patio del Harmony... me encantaban este tipo de casitas chinas!

Para pasar un poco el tiempo, como llovía tanto, nos conectamos un rato a internet mientras esperábamos a ver si escampaba un poco. Al cabo de un rato, por fin, paró, y aunque caían aún 4 gotas salimos. Hacía frío y el día era desapacible, así que nos fuimos metiendo en toda cuanta tienducha veíamos, a curiosear, aunque no compramos nada. En la mayoría de ellas vendían objetos antiguos, vamos, que daba la impresión de que habían ido a saquearle la casa al abuelo y se habían llevado todo para allí!
Antiguamente Pingyao prosperó como un centro de comercio muy importante, en un cruce entre rutas; los locales hicieron mucho dinero, y su éxito, sobre todo durante la dinastía Qing, les llevó a crear los primeros bancos y cheques del imperio chino, para facilitar grandes transferencias de capitales (curiosamente, hoy no hay cajeros ni bancos en toda la ciudad, ironías del destino!). Pero después, en el siglo XX, la ciudad cayó en la pobreza, y como no había dinero para modernizarla quedó intacta.

Chove en Pingyao

Pingyao es bonito

; nos pareció más auténtico que Lijiang, aunque casi todos los negocios son tiendas de esas, pero venden cosas más antiguas, y es una ciudad más típicamente china. Había muchas monedas antiguas y cosas por el estilo. Las típicas casitas chinas son bajas y de ladrillo gris, de la época Ming, y las callejuelas de baldosas, decoradas con linternas rojas. Es una ciudad especial, porque toda la parte antigua se ha conservado encerrada tras las murallas, entera, cosa rarísima en China, lo que le confiere una cierta magia de la que carecen otros sitios. Es una pena que nos hiciera tan mal día, lo habríamos disfrutado mucho más si estuviera soleado. Hay un pase especial que permite el acceso a todos los monumentos (unos 20) durante 3 días, pero costaba 120 Y, por lo que decidimos disfrutar de la antigua ciudad medieval sin más, callejeando un poco. Aparte de un par de calles principales, que son más turísticas, en el resto la gente hace su vida normal, y es una pasada ver cómo está tan viva la ciudad entera, siendo tan antigua. Dimos un buen paseo, perdiéndonos por las calles, sin rumbo fijo, y luego fuimos a buscar a Jorge.



Decoración de una fachada
Ya era mediodía, y pensamos en buscar un sitio para comer. Resultó que había un Sakura, y acabamos yendo allí: era mucho más pequeño que el de Lijiang, había menos platos en el menú y era más caro, pero la comida estaba buena. Lau pidió lasaña vegetariana, y se la trajeron de carne, al final la pobre acabó esperando mogollón a que le trajeran otra nueva

Por suerte, había un ordenador con Internet que se podía usar gratis, y nos entretuvimos un poco mientras esperábamos a que nos sirvieran. También pedimos unas sopas para entrar en calor. Lau llenó la suya de picante, para evitar acatarrarse más.

Lau, con su sopa cubierta de picante
Tras la comida regresamos al Harmony; desgraciadamente, la mujer no había podido conseguir billetes de tren, así que tendríamos que ir a Taiyuan y comprar allí billetes para el bus nocturno. Qué se le iba a hacer!

Salimos otra vez a dar otra vuelta por Pingyao, y esta vez tiramos hacia las murallas. De camino, nos encontramos con un albergue muy curioso…

Catholic Guesthouse

Llegando a las murallas
Al cabo de un ratito estábamos ya en las murallas, que están muy bien conservadas. Son de finales del siglo XIV, tienen 10 m. de altura y rodean toda la ciudad, a lo largo de 6 km. Nosotros fuimos a dar a una de las puertas, donde había una de las 72 torres de la muralla, y salimos para verla mejor. Desgraciadamente, no podíamos entrar sin el pase para todos los monumentos de la ciudad, así que la vimos sólo por fuera. Al salir por la puerta había una especie de parque, y la gente empezaba a salir a pasear, una vez pasado el chaparrón.

Una de las 72 torres

Panorámica de la muralla



Lau, haciendo amigos
Estuvimos un rato contemplando la muralla, y después volvimos a la calle principal, donde había una mujer con un monito que servía como atracción turística, vestido de forma un tanto ridícula, y que me dio un poco de pena. Luego subimos a la Torre de la Ciudad (5 Y), el edificio más alto de Pingyao. Nos metimos por unas escaleritas estrechas, y pronto salimos a un pequeño balcón. Las vistas desde allí eran muy hermosas, se podían ver todos los tejaditos antiguos de la ciudad, todos grises y parecidos, con sus pequeñas chimeneas… nos encantó

El pequeño mono

Panorámicas desde la Torre de la Ciudad


Txema observando Pingyao

Lau!
Después nos metimos en alguna tienda más, sin comprar nada, y finalmente decidimos ir tirando hacia el Harmony. La ciudad vieja amurallada de Pingyao nos había fascinado, era una pena que hiciera tan mal tiempo, con lluvia y frío!

La Torre de la Ciudad

Escenas de la vida cotidiana en Pingyao

Volvimos al Harmony con tiempo, para pillar un bus a Taiyuan. Recogimos nuestras cosas, le dimos las gracias a la buena mujer y buscamos un rickshaw para ir a la estación de buses. Pero en vez de llevarnos a esa nos llevaron a la de tren, y nos quedamos en la calle de delante de ésta, sin saber muy bien para dónde tirar

Hubo un momento de confusión, nadie conseguía indicarnos donde estaba la estación de buses! Por suerte, al final unos hombres que nos querían llevar en rickshaw pararon a un bus en la carretera (que desconfiados éramos, al principio no nos fiábamos de ellos), que iba a Taiyuan. Este bus paró en la estación, y compramos los billetes para seguir hasta la capital de la provincia de Shanxi (25 Y por cabeza). La estación debía haber cambiado de sitio, porque no estaba nada cerca, ni tampoco donde salía en el mapa!
Pero bueno, ya estábamos en camino, y hora y media después llegábamos a Taiyuan, ciudad que no nos motivó mucho, y encontramos la estación fácilmente. Una vez allí, compramos 4 billetes en bus nocturno a Beijing, sin muchas dificultades; llegaríamos por la mañana, tempranito
Todo parecía perfecto, y nos metimos en un súper para aprovisionarnos por si nos entraba hambre durante el largo trayecto: compramos phoskitos, patatas, galletas, etc. (qué visionarios fuimos!).
Luego buscamos un lugar para cenar, pero no había muchas opciones... vimos un chino con pinta de ser bastante caro, pero chulo, y fuimos allí. Nos cortamos mucho pidiendo, por si acaso; el menú estaba sólo en chino, pero nos apañamos con las guías de conversación. Al final resultó ser muy barato, y la comida estaba buenísima (eso sí, alguna picaba mogollón!).
Fuimos con tiempo a pillar el bus, y vimos que nos habían tocado los asientos de atrás de todo, menos uno; al no poder ir reclinados, iríamos más incómodos. Bueno qué se le iba a hacer… nos acomodamos como pudimos, e intentamos descansar. Nos costó dormirnos, y además al poco rato de salir vimos que estábamos parados, el bus no se movía, durante mucho tiempo... Con el agotamiento nos acabamos durmiendo, hasta que de pronto vimos que estábamos de nuevo en Taiyuan!

El busero había decidido volver, no sabíamos muy bien por qué, algo pasaba en la carretera... nos devolvieron la pasta y nos dijeron que volviéramos a las 6:30 de la mañana. Y era ya la 1 y pico... Empezaba la pesadilla!
Se nos ocurrió que podíamos intentamos ir a dormir a alguno de los hostales recomendados en la Lonely, y metimos las cosas en un taxi. Mientras tanto, se nos acercaron unos chicos, diciéndonos que había un sitio para dormir allí al lado por 10Y (1€), y nos señalaron un callejón oscuro de mala muerte. Pasamos de ellos, y justo entonces nos dimos cuenta de que uno le estaba metiendo la mano en la mochila a Jorge!

Por suerte, no le robó nada... Subimos al taxi, y le enseñamos las direcciones en chino.
El taxista no se enteraba... nos llevó a un hotel de 4*, sin hacer mucho caso a las indicaciones. Costaba una pasta, y teníamos sólo 5 horas, así que pasamos. Nos llevó a otro, que tampoco era, y acabamos un poco tensos ya... al final conseguimos que nos llevase a donde queríamos, y nos pidió disculpas. Le acabamos pagando un poco menos, lo equivalente sin habernos dado tanta vuelta. Bajamos, y fuimos a probar suerte en el primero de los sitios.
En el hostal no había sitio, estaba lleno, y en el de al lado ocurría lo mismo. Al parecer les había pasado lo mismo a otros buses, y todos los alojamientos asequibles estaban completos... Decidimos pasar la noche en un 24 h. chino, pero no tenían agua, ni coca-cola; sólo comida, agua caliente y cerveza, y no teníamos hambre. Salimos arrastrándonos con las cosas, sin saber qué hacer, en la ciudad más inhóspita del planeta (ese día Taiyuan le quitó el honor a Patras!)... y de repente vemos un Mc Donald’s 24 h. que ya habíamos visto antes, y que se convertiría en nuestro refugio inesperado por una noche (desde esa noche ya no les tengo tanta tirria a los Mc Donald’s!). Allí nos resguardamos del frío y el cansancio (Jorge llegó a dormir tumbado!), y pasamos la noche. A mí se me caía la cabeza del sueño, pero aguanté como pude... Comimos algo, y también abrimos algunas de las cosas que habíamos comprado en el súper. Estuvimos hablando y debatiendo qué hacer. Jorge quería ir en avión, pero era más caro, y ni sabíamos dónde estaba el aeropuerto... y el bus de las 6:30 llegaría sobre las 13:00, tampoco era tan mala opción. Hubo discrepancias, pero al final optamos por el autobús. A mí me daba un poco igual, las dos posibilidades tenían pros y contras.

Caras de circunstancias... habrá que pasar la noche como se pueda!

Cayéndome de sueño y cansancio

Sin embargo, hasta hubo quien consiguió dormir!! le distinguís de las mochilas?
A las 5 am fueron Lau y Txema a comprar los billetes, en teoría demasiado temprano, pero menos mal, porque la taquilla abrió a esa hora, y consiguieron unos asientos de puta madre, mucho más cómodos. Luego vinieron a recogernos al Mc Donald’s, y vuelta a la estación, comenzaba un nuevo día!
Ya veis vaya peripecias nos ocurrieron ese día... En breve, el siguiente capítulo:
Pesadilla Parte 2: Taiyuan-Beijing
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Una flor con una margarita en la cabeza xDDD
留得青山在,不怕没柴烧. 我主宰自己的命运...