Os dejo el último capítulo, luego sólo falta la vuelta a casa y esto se ha acabado!
Día 13 de octubre de 2007. Beijing-SimataiNos levantamos a las 6 am; yo estaba un poco cansada, y me costó despegarme de las sábanas, pero en cuanto fui consciente de que nos íbamos a ver la Gran Muralla, salté de la cama y estuve lista en un momento

Lau había acabado ya un poquito antes, y me vino a buscar. En un momento salíamos las 2 hacia Tiananmen, mientras los chicos se quedaban durmiendo.
Fuimos caminando hacia la plaza, previa parada en el puesto de los bollos rellenos de huevo, ya clásicos a estas alturas del viaje; el problema fue que una vez allí, no encontrábamos la estación... Fuimos hacia el lado Este primero, y nada, ni preguntando a la policía. Tiramos hacia el otro lado, y aunque nos costó un poco finalmente encontramos un centro de información, y la pequeña estación de buses. Hacia Badaling salían buses como setas, y tanto guiris como chinos se agolpaban para comprar sus billetes. Para mí, algo incomprensible, es el tramo más artificial de todos!

Preguntamos por los buses a Simatai, y nos dijeron que ese día sólo saldría uno a las 9:00, pero sólo si había más de 10 personas (algunos días hay a las 7:30 y 8:30 también). Allí estábamos nosotras dos y una más, solamente... pero bueno, aún quedaba un buen rato para las 9, así que nos armamos de paciencia y nos dispusimos a esperar. Poco a poco fue llegando alguna gente más, pero hasta justo antes de las 9 no fuimos 10. Qué suerte habíamos tenido! Pagamos 100 Y, que incluían el bus y la entrada a la Gran Muralla, y partimos. El trayecto duraba unas 3 horas, que aprovechamos para ir durmiendo. La verdad es que nos cundió no llegar más temprano, por el camino estuvo todo el rato un día gris, nublado, y llovía; estaba desapacible como para ponerse a andar.
Por fin, llegamos a Simatai. Compramos agua en uno de los puestos que hay antes de entrar, y fuimos a mirar el mapa. El día seguía sin estar muy bueno, pero al menos había parado de llover, menos mal! Justo entonces, encontramos una pequeña bolita de pelo largo, toda mojada y aterida de frío, maullando...

Era un gatito muy pequeño, asustado, que tiritaba de frío. Lo cogimos, lo secamos un poquito y le dimos calor, antes de ponerlo a resguardo por si volvía a llover. Yo creo que se quedó más contento!

El gatiño
Echamos un vistazo al mapa, y vimos que había un teleférico de 112 cabinas que llevaba hasta la mitad de la ladera, ahorraba un montón de tiempo andando y además nos daría la posibilidad de recorrer prácticamente todo el tramo de Simatai, desde la torre más alejada hasta la que está junto al puente. Una buena opción, pensamos, y compramos 2 tickets (30 Y cada uno). Subimos a una de las cabinas en marcha, y empezamos a sobrevolar el paisaje hacia la Gran Muralla, teñidos de rojo por el otoño. Hacía mucho frío, pero las vistas eran bonitas. Al llegar a la estación de la parte superior, flipamos al ver que la china que nos tenía que abrir la puerta estaba zampándose un plato de noodles! Pero justo al llegar nosotras, dejó el bol y nos abrió la puerta con eficiencia... los chinos no paran de trabajar ni para comer!

En el teleférico! lo que se ve al fondo, en las colinas, son las torres de la Gran Muralla!

Lau

Paisaje de otoño
Al bajar del teleférico había un trozo empinado hasta el comienzo del camino, todavía... y un trenecillo que te ahorraba la mayor parte de la subida, por 20 Y. No lo dudamos, y lo pillamos, preferíamos disfrutar de la muralla que estar perdiendo tiempo en el camino hasta ella. Al bajar del tren quedaba un tramo corto, pero empinado. Lau comentó que habíamos ahorrado mogollón de camino, y que todo eso andando “lo iba a hacer Chanquete!”, y va un tío y repite “Chanquete!”. Nos moríamos de risa!!

Jorge llevaba todo el viaje intentando que alguien dijera Chanquete (aún el día anterior, preguntó a las chinas dependientas del Palacio, sobre unas cartas que tenían de los emperadores, “Is this emperor Chanquete?”, “This is Chanquete?” a ver si conseguía que lo dijeran, y nada! xDD), y justo, cuando no estaba él, alguien lo decía espontáneamente! jajaja

La Gran Muralla estaba envuelta en brumas cuando llegamos...
Por fin, llegamos a la Gran Muralla! Salimos a la altura de la torre 8, la de la Nube Blanca, y fuimos subiendo hasta la 12, por tramos de escaleras muy irregulares, en algunos tramos ya en ruinas. Aquello era impresionante! En Simatai, al contrario que en Badaling y Mutianyu, no se ha restaurado la Muralla, y está ahí, tal cual. Sólo se han consolidado algunas partes, pero sin alterar su esencia. De este modo, algunas torres (todas son distintas, y varían mucho en su tamaño) están bastante deterioradas, pero conservan un encanto casi mágico. En un tramo tuvimos incluso que trepar un poco.

En la Gran Muralla, al fin!!


Medio trepando para salvar un tramo bastante destruido

Vistas desde una de las torres

En la parte final aparecen una serie de parapetos defensivos, una auténtica maravilla de la arquitectura militar, diseñados para poder defender perfectamente la torre siguiente y al mismo tiempo disminuir la capacidad de ataque del enemigo (otra cosa curiosa es que la distancia entre 2 torres es de unos 2 tiros de flecha, para que un enemigo pudiera ser alcanzado siempre desde una de ellas). Le estuve explicando a Lau cómo funcionaba el sistema defensivo, estaba flipando, me encantaba todo!

Yo en los parapetos defensivos
En Simatai hay 16 torres, pero según dicen lleva lo mismo llegar de la 1 a la 12 que de la 12 a la 16, por lo escarpado del terreno (que es también un poco peligroso en esa parte). Pero en la torre 12, la del General, nos encontramos con una señal que prohibía el paso a esa zona escarpada, bajo pena de 200 Y de multa. Había 2 guardias más adelante, así que no pasamos. Más allá se extendía lo que algunos llaman la Escalera hacia el Cielo, una parte empinadísima (de 80º), que en algunos sitios se estrecha hasta sólo medio metro al trepar por la arista de la colina, que lleva a la torre de la Doncella Hada (nº15) y la torre de Vigilancia de Beijing (nº16), el punto más alto de Beijing, desde donde al parecer las vistas son increíbles. Se dice que el camino entre las torres 15 y 16 sólo son capaces de hacerlo los hombres valientes. Nosotras estábamos dispuestas, aquella parte parecía súper interesante, pero estaba prohibido, lástima!

Zona más allá de la torre 12, con la Escalera hacia el Cielo

"Right here, there is a line. You cross that line, we go from misunderstanding to something else"
Nos quedamos un rato observando esa parte inaccesible de la Gran Muralla, y surgieron las dos frases del día, por primera vez: “Esto es la ostia!” y “Son tontos!”, en referencia a los chicos, por quedarse de compras en Beijing, a quién se le ocurre! (dicho desde el cariño, por supuesto!). Y es que la sensación de estar allí era insuperable, en aquella Gran Muralla tan hermosa y agreste al mismo tiempo, casi vacía de gente... impresionante

Las dos hermanas, en la Gran Muralla
Después empezamos a bajar torres. Hay muchas pendientes pronunciadas y escaleras, y cuando toca ir bajando se va muy bien, pero en los tramos en que hay que subir a veces se hace durísimo, muy pesado

Fuimos pasando unas torres tras otras, disfrutando de la Gran Muralla y los paisajes, y de repente se hizo el milagro! Las nubes empezaron a dispersarse, y asomó el sol, cada vez con más fuerza, hasta que el cielo se despejó. Si antes nos fliparon las vistas, ahora más! La muralla se extendía serpenteando sobre las colinas, hasta perderse en el horizonte... qué hermoso!


Trekking por la Gran Muralla


Lau, observando el paisaje desde una torre

Yo en otra de las torres
Íbamos un poco justas, pero nos daba tiempo de sobra. Pero de repente nos dimos cuenta de que nos habíamos pasado un par de torres desde el camino, y habíamos llegado al puente... mierda! Unos paisanos que estaban allí para cobrar un impuesto revolucionario por cruzar el puente (en plan feudal :P) nos informaron por gestos de que entre la torre 3 y la 2 estaba el desvío hacia el parking, y habíamos llegado a después de la torre 1

En fin, ahora sí que íbamos pilladísimas de tiempo! Desandamos el camino, con gran esfuerzo (hacia abajo se iba genial, pero ahora había una pendiente
enorme para subir casi corriendo, y estábamos agotadas!). Nos quedaban unos 10 min., y acabamos subiendo algunos trozos ayudándonos con las manos, a toda leche

Encontramos el camino, por fin, pero aún estábamos muy lejos, no había tiempo que perder! Entonces, vimos el Flying Fox, una tirolina que cruzaba el embalse, y no lo pensamos! Creo que costaba 35 Y por cabeza. Primero me lancé yo, y luego Lau; volamos sobre el embalse a velocidad de vértigo, y en segundos estábamos al otro lado, aquello molaba muchísimo! Al llegar a ese punto salía un barco hasta la entrada y el parking, pero justo se marchaba mientras Lau estaba bajando, mierda!

Teníamos que bajar hasta un par de torres antes de llegar a ese embalse...

Bajando en tirolina, a toda pastilla!

Ya en el embalse. Tuvimos que subir todo el desnivel desde el agua a las torres que se ven en la foto!
Nos quedaban menos de 5 minutos para la hora de salida del bus (15:30), lo íbamos a perder... Cuando ya estuvimos las 2 libres del arnés nos sentamos a esperar al siguiente barco. Le explicamos al chino-barquero que teníamos prisa y salimos bastante pronto, sin esperar a más gente, se portó genial! Creemos que el hombre nunca vio tanta rapidez a la hora de subir y bajar de su barco! Al cabo de unos minutos llegábamos al parking, corrimos, y vimos a la azafata del bus, que se había dado cuenta de que faltábamos y había venido a buscarnos. Le pedimos permiso para comprar agua y fuimos corriendo; de paso pillamos unas galletas, con la emoción no habíamos comido! Regresamos al bus a toda prisa y caímos exhaustas, sin aliento, en nuestros asientos

Vaya día más increíble! Era para flipar la de transportes que habíamos utilizado en un día: bus, teleférico, trenecito, tirolina y barco... y luego aún pillaríamos el metro!

Ya en el barco, por fin!

El embalse
Fuimos descansando en el autobús, y a las 18:00 estábamos de nuevo en Beijing. Íbamos a cruzar la calle por donde no se podía, pero una china-guardia nos llamó la atención con un “hallo!”, la frase universal de los chinos para hablar con los extranjeros, y volvimos atrás. Luego, metro a Wangfujing, donde el día anterior habíamos visto una librería enorme. En una de las plantas encontré lo que buscaba, muchos libros para aprender chino, y compré dos grandes diccionarios, otro visual más pequeño, algunos libros para niños y otros para aprender a dibujar caracteres, todo por 4 duros

(en España me hubiera salido por una pasta!). También había un curso multimedia que estaba bastante bien, pero era más caro y finalmente no lo compré (aún hoy me arrepiento, la próxima vez que haya lo haré).

De vuelta en Beijing. Hay muchísimos rascacielos en construcción...

Mascotas olímpicas en Wangfujing
Tras el saqueo de la librería volvimos a coger el metro, para ir al Mercado de la Seda a encontrarnos con Jorge y Txema; llegamos a las 19:20, y empezó el regateo por las 4 cosillas que queríamos comprar. Al final, compré unas camisetas de Custo (casi todas por 40 Y, salvo una que me costó 50, que compré porque me gustaba mucho, aunque el dependiente era un poco desagradable), unas mochilas para los viajes y un maletín de piel para cuando tengo que viajar por trabajo. Lau compró también unas zapatillas, una cometa y unos bolsos, pero vamos, ni la 5ª parte de lo que se suele comprar la gente allí. Al final de todo, cuando salíamos, vi un sombrero de paja como los que usan en el sur, y me lo llevé de recuerdo.
Luego volvimos al metro, para ir a Wangfujing a disfrutar de nuestra última cena china, y en una tiendecilla vimos unos pandas de peluche que también nos llevamos (menos mal que pasábamos de comprar nada!). Tras esa pequeña caída en el capitalismo pillamos por fin el metro, y al cabo de un rato estábamos cenando en una terraza. Este mercado nocturno está muy bien, y hay cosas de lo más curioso, desde caballitos de mar a pequeños escorpiones. Tras la cena, aunque íbamos bastante cargados de cosas, entramos en unas tiendas de cierre tardío donde Jorge compró un Doraemon que dio mucho juego... En estas tiendecillas había cosas curiosas y baratísimas, de hecho compramos un par de chorraditas antes de volver al albergue, en una tienda en la que había hasta 7 dependientas en un mismo mostrador, que se morían de risa con nosotros

Jorge, observando con dudoso interés los "manjares" de un puesto de Wangfujing

Caballitos y escorpiones!

Doraemon ten un peto máxico!
Después, iniciamos el camino de regreso al albergue por última vez, sin ser aún muy conscientes de que nos íbamos, qué pena!!

Al ratito llegamos e hicimos las mochilas, tras reservar el transporte al aeropuerto desde recepción, por 120 Y. Lau se fue a conectar a internet, nosotros nos fuimos a cama. Era nuestra última noche en Beijing, y estaba triste, no quería irme!

Espero que os haya gustado el capítulo! Bueno, ya sólo queda la vuelta a casa, a ver si os la pongo esta tarde, y se habrá terminado este Diario!

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Una flor con una margarita en la cabeza xDDD
留得青山在,不怕没柴烧. 我主宰自己的命运...