A la nada llegamos al puente que cruza el
Graslei. Recuerdo este momento como uno de los más chulos de todo el fin de semana. La zona era realmente preciosa. La vista desde el puente era cojonuda, justo pasando debajo de nosotros un canal, que terminaba en un embarcadero muy pequeñito. Pero lo bonito no era sólo eso, sino los edificios que lo redeaban, casitas bajas al fondo y casas gremiales de los siglos XI, XII y XII a la derecha. Y a la izquierda un bonito paseo que recorría todo el puerto... encantador!
El Graslei
Desde el puente en el que estábamos había unas escaleritas que te permitían bajar hasta el puerto, así que no nos lo pensamos y para allá que fuimos! En la ladera derecha del canal estaban las casas gremiales, que eran muuuy bonitas, la verdad es que pensar que llevaban 8 siglos plantadas ahí impresionaba bastante! Además las 3 eran muy distintas entre sí, se notaba que había 100 años de diferencia entre unas y otras.
Casas gremiales
Pero es que si mirábamos atrás, hacía el puente en el que acabábamos de estar, la vista no era menos bonita. El puente cruzando el canal, rodeado de edificios pintorescos.
Puente sobre el que estábamos antes
Gante estaba siendo todo un descubrimiento, de estos sitios que no te esperas mucho, y precisamente por eso, te maravillan. Nos acercamos un poquito más al embarcadero, que era precioso, porque el canal continuaba por debajo de un puente mucho más pequeño que el anterior, y se perdía a lo lejos, entre más casitas bajas. Qué zona más bonita, de verdad!
Embarcadero
Al final de este embarcadero había un puente desde donde contemplabas como el canal se expandía y se bifurcaba.
Vistas del canal
En ese momento nos paso algo parecido a lo que nos pasó en Rozenhoedkaai el día anterior. Estábamos super agustico, disfrutando de las vistas, cuando vemos que a la izquierda, en una de las laderas del canal hay un hombre sentado en un banco, que da directamente al canal, por dios qué sitio! Tenemos que ir a ahí!
Allí a lo lejos, ¿veís al hombre?
Así que dicho y hecho, calculamos como llegar hasta allí, callejeamos un poco y descubrimos la entrada, que era a través de una especie de parquecito. El sitio era, simplemente, uno de los sitios más románticos que jamás conoceré. Un banco, rodeado de flores, en el que si te sentabas tenías todo el canal frente a ti

Además, para cuando llegamos el hombre ya se había ido y estábamos completamente solos! La pena era que nadie nos podía echar una foto y no había sitio donde plantar la cámara o el trípode, qué bien me hubiese venido en ese momento un GorillaPod!

Pero por si fuera poco, la vista desde allí era sencillamente genial, pues veías como el canal, al bifurcarse, pasaba por debajo de otro puentecito. Joé, qué bonito todo
Vistas desde el sitio encantador
Abrumados por tanta cosa, nos dirigimos al
castillo de Gravensteen. Antes de llegar a él pasamos por otro puente. Desde el puente había unas vistas muy bonitas, por un lado el castillo, que estaba al borde del canal, y por el otro lado el canal continuaba, estrechándose, y en mitad del canal, una terraza de un restaurante! Es un sitio increíble para poner un restaurante, sólo comparable al que hay en lo alto de la Torre Eiffel o a uno que vi meses más tarde en una azotea de Praga.
Posible sitio donde pedirle matrimonio a mi señora jajaja
Los canales en Gante son bastante más amplios que los de Brujas, éste quizás era el más pequeño que vimos, y probablemente sea más grande que cualquiera de Brujas. Nada más cruzar el puente llegamos al
castillo de Gravesteen. El castillo estaba en una posición muy chula, en mitad de la ciudad, pero en vez de en una colina o algo así, aquí estaba al ras. Además, sin ser nada del otro mundo, sí que era bonito, y muy grande!
El Castillo, en la ladera del canal
Entramos en el castillo hasta donde nos permitieron, o lo que es lo mismo, hasta la taquilla xD Por dentro tenía pinta de estar chulo, pero no lo íbamos a comprobar

Por aquel entonces no estábamos saturados de castillos, hoy en día, sin mebargo, recién llegados de Escocia, os podéis hacer una idea jaja xD
Exteriores del castillo
Salimos del castillo y nos dirigimos al norte, al
Patershol, el barrio de los tejedores. Teníamos entendido que era muy bonito, pero después de estar una media horilla callejeando, la verdad es que no tenía nada del otro mundo. Pensamos que sería un barrio antiguo, con callecitas empedradas y enrevesadas, pero qué va, parecía un barrio industrial. Vimos que no había nada que rascar y volvimos al centro, porque queríamos comprar algún souvenir y ya de paso comer, que no se nos podía ir el tiempo, pues había que volver prontito a Bruselas.
De vuelta al centro, lo hicimos por la zona por la que no habíamos pasado antes. De hecho, cruzamos el puente que teníamos enfrente cuando estuvimos en el banco aquel que descubrimos. Desde el puente se veía el canal desde la única perspectiva que nos faltaba, y allí a lo lejos, de nuevo, estaba allí aquel banco encantador


El cielo se estaba empezando a poner feo, y eso que hasta ahora nos estábamos tostando al sol. De hecho, fue nublarse y desaperecer la gente. Volvimos a la zona de la catedral y estaba literalmente desierta! Además, todos las tiendas de souvenirs estaban ya cerradas, así que nuestros familiares y amigos se tendrían que conformar con este relato y las fotos que le acompañan xD Ahora eso sí, un año hemos tardado en hacerles el regalo

Eran ya casi las 14:00, había que darse prisa para comer, pues después de comer había que coger el tranvía hasta el hotel, el tren hasta Bruselas, el autobús hasta el aeropuerto, el avión hasta Madrid y el coche hasta Jaén, donde dormiríamos como reyes en nuestras amadas camitas

Sólo nos faltó coger alguna barca por los canales para terminar la gracia y coger todos los medios de transporte posibles jeje.
El sitio donde íbamos a comer fue fácil de elegir, con ese pedazo de McDonald que había xD Nos dimos una buena comilona, pues no sabíamos cuándo lo volveríamos a hacer. Después de comer ya tocaba despedirse de Gante, así que nada, le dijimos "goodbye" con la mano y cogimos el tranvía de vuelta al hotel. Llegamos al hotel, pues teníamos que coger las maletas. Cogimos las maletas nosotros como las podía haber cogido cualquiera, porque llegamos al hotel y estaba desierto, así que entramos, cogimos nuestras maletas del superprotegido pasillo, y salimos a toda leche, pues el tren salía en cuestión de minutos (infelices... por aquel entonces pensamos que esta palabra sería plural...

). Si perdíamos ese tren nos arriesgábamos a perder la sucesión de transportes que he contado antes, así que era vital hacer los 100 metros lisos por debajo de 10 segundos

Evidentemente, ¿sabéis a quién le tocó correr, no?
Si os digo que tarde 0,2 en ir a la taquilla a toda leche, comprar los billetes, comprobar cuál era el andén, agradecer al espíritu santo haber dejado a mi novia justo en la entrada del andén correcto, avisar a mi novia con un grito de que empezase a subir las escaleras, pisotearla por el camino, y por fin, entrar al vagón!

El tren arrancó nada más montarnos, aunque quizás fuese yo el que me seguía moviendo, porque me daba vueltas todo xD
La media horilla hasta Bruselas se nos hizo muy corta, pues compartimos vagón con un grupo de mozuelos que, supusimos, estaban de despedida, y cuya conversación más inteligente fue disertar sobre quién era mejor, si Jet Li, Jackie Chan o Van Damme, todo esto aderezado con flexiones en el suelo, gritos varios. Yo creo que se habían bebido hasta el agua de los floreros

Llegamos a la estación con tiempo de sobra, y tras un rato esperando, cogimos el autobús de milagro. Para que no os pase como a nosotros, os cuento: a la ida cogimos un autobús, el cual pensamos que sería el mismo que a la vuelta, pero no, era de otra compañía, por lo que en un principio pensamos que no sería el nuestro. Estuvimos a punto de no cogerlo y quedarnos en tierra, lo cual también hubiese hecho perdernos la famosa sucesión de transportes xD
En 40 minutillos estabamos en el aeropuerto, en el cual estaba cayendo una nevada de cuidado! Acostumbrados al fresquito de Jaén, aquello era una atracción turística más! Nos acojonamos un poco, porque pensamos que quizás pudieran cancelar los vuelos, pero allí la gente no se asusta con 4 copos hombre! Es increíble que con el soletón que nos había acompañado todo el día, al final éste acabase de esta forma, pero era un colofón genial al viaje!
Las dos horas de vuelo me las pasé sopa, pues luego me faltaban otras 3 horas de camino conduciendo hasta Jaén. Llegamos media horilla antes que mi primo, que os recuerdo venía de París, así que los esperamos en Barajas. Álvaro vino de nuevo a por nosotros, lo cual vuelvo a agradecerle, eres el mejor!

Las 3 horas de camino a Jaén se me hicieron muy cortas, pues no paramos de contar anécdotas que nos habían pasado a unos y a otros, y para cuando quisimos darnos cuenta, estábamos cada uno sobando la mona en su cama.
Yo me acosté feliz, muy feliz, pues había realizado uno de mis sueños, realizar un viaje con mi novia en el que absolutamente todo había salido a la perfección! Umm, ¿todo? Si, todo, no? Ah, pues me dicen que no, que mi novia sigue teniendo pesadillas con aquel maldito batido de chocolate que pesaba como un demonio

Próximamente, el epílogo! ¿Conseguiré convencer a mi novia para que lo escriba ella?
