7 de Agosto de 2008Krysuvik - HveragerdiNos levantamos temprano, como siempre. Damos una vuelta por el sitio ya que el día anterior estabamos un poco cansados así que no lo habíamos disfrutado. Despues de desayunar recogemos el campamento y nos ponemos en marcha en dirección al lago Keifarvatn. Un poco antes de dicho lago hay una zona geotermal, así que aunque tenemos que desviarnos, merece la pena. Las zonas geotermales se ven a gran distancia ya que la tierra suele ser naranja y blanquecina, y contrasta con los verdes o tonos oscuros del paisaje volcánico. Es peligroso caminar por fuera de los senderos hechos de tablas, así que se debe seguir el recorrido indicado. Es un lugar bastante peculiar, con barro hirviendo, fumarolas, vapores... Notas la tierra viva. Se oyen ruidos extraños y huele como el mismo infierno.




Después de dar una paseillo por la zona nos subimos de nuevo a las bicis con la intención de deshacer lo andado y luego continuar en dirección a Standarkirkja. Justo cuando nos subimos empieza a llover; cuatro gotas que nos acompañan casi todo el día.
Volvemos a rodar casi todo el día por una pista como la del día anterior.
LLegamos a Standarkirkja (que venía marcado con un punto grande en el mapa) y resulta ser un pueblecito formado por una caseta-bar, una casa y una granja. De hecho los baños del camping son los de la casa!
Nos cocinamos unos spaguetis para comer y descansamos un rato tomando el sol, que se asoma por un momento. Después de comer aún nos toca pista por un rato más.



Las interminables rectas del sur. A veces parecía que estabamos en una bici estática!


Cuando al fin llegamos a la carretera estamos a unos 12 kms de Hveragerdi, así que continuamos hasta allí.
Aquí empezamos a descubrir el "camping a la islandesa": hay pocas duchas, por lo general una o dos para cada sexo y pagas cuando hay alguien dispuesto a cobrar, ya que la recepción casi siempre está cerrada asi que tú llegas, acampas y al día siguiente ya pagas. Aquí tuvimos nuestro primer contacto con eso que hemos venido llamando "el buen rollo cicloturista" y ya estuvimos intercambiando impresiones con un suizo que llevaba un par de semanas por allí.
Después de cenar, a la cama. Segunda jornada de pista que de nuevo nos había cansado.