13 de AGOSTO de 2009
Nos levantamos ansiosos por comenzar el día. Lo primero es ir a la tienda-bar del camping y conseguir el desayuno. De paso, le pregunto al buen señor un poco por la ruta que nos espera. El ha recorrido también el país en bici en su juventud, así que charlamos un rato y hasta me da unos mapillas de la zona que nos servirán para llegar hasta la ruta nacional sin problemas. También me da un mapa de campings de Suiza, cosa que le agradezco infinitamente.
Al fin recogemos todo y nos vamos a poner en marcha. Pierre se acerca a tirar la basura y la señoradel camping toda decidida viene a cobrarnos por tirar la bolsa. “¿Acaso en vuestro país no se paga el servicio de recogida?” nos dice. Nos quedamos perplejos mientras le señora nos pone una pegatina en la bolsa y se marcha con nuestro dinero.
Pues si que empezamos bien el día. Vale que uno sabe que Suiza es caro, pero ya que te cobren por eso!!!!
Salimos del pueblo por una carretera con poco tráfico y ya encontramos a los primeros ciclistas.

Hace una mañana estupenda para rodar, ya que hace sol y una temperatura de lo más agradable. Pronto cambiamos la carretera por un camino que va paralelo al río, el Rhin. Se ve precioso y super limpio. Casi dan ganas de bañarse, pero de momento tenemos más ganar de pedalear.

Llegamos a los primeros pueblecillos típicos de esa zona, con sus casa blancas y de madera, llenas de flores y con fuentes en cada placita. Y que agua más fresca sale de esas fuentes! Esto es lo realmente increible de Suiza: que todos los pueblecillos tienen su encanto.

Nuestra primera parada importante del día serán las Rhine Falls. Hay muchísimo trasiego ya por los alrededores. Mucha gente, muchas bicletas… Y todo en obras! De hecho, no se puede pasar hasta la parte desde dondese supone que se tiene la mejor vista de las catartasdesde la orilla en la que estamos. Tendríamos que haber ido a la otra orilla para poder verlas bien, pero no sabemos muy bien como hay que hacer y parece que habrá que dar bastante rodeo, así que nos conformamos con lo que tenemos. Eso si, el caminito que sigue el río en esta zona es también muy chulo, así que aunque no hayas tenido la mejor perspectiva de las cascadas, el sitio merece igualmente la pena.

Una vez que dejamos atrás todo el bullicio de la zona de la cascada, nos sentamos en la hierba para descansar y comer algo.Allí nos paramos a observa a los ciclistas que pasan, y mira que pasan… Es un constante ir y venir de gente. Algunos van solos, otros en pareja, familias enteras de 8 ó 9 miembros, niños super chiquitines en sus propias bicis o enganchados a las de sus padres (si es que los europeos tienen miles de inventos para llevar a sus retoños), personas de 80 años, turistas de todos los colores, bicis profesionales, con cesta, sin cesta, con perro, con alforjas… hay para todos los gustos! Yo nunca había visto nada ni parecido. Mientras reflexionamos y zampamos empieza a llover. Corremos a refugiarnos pero sólo llegan a caer cuatro gotas. Hace calor y esas cuatro gotas no han llegado para refrescar.
Seguimos nuestro camino y llegamos a Schaffhausen. Es un publo más grande así que aprovechamos para ir al super y hacer la compra. Que no falten provisiones. Después nos damos una vueltecilla rápida y continuamos avanazando.


Volvemos al río y seguimos el curso. Por un momento lo cruzamos y entramos en Alemania, pero finalmente volvemos a entrar en Suiza.

Llegamos a Stein am Rhein y damos la jornada por concluida. Hay un camping ala salida del pueblo así que nos instalamos y volvemos hacia el pueblo. Sólo al pasar ya nos pareció muy bonito, pero ahora tendremos tiempo para recorrer sus callecitas con calma. Lo malo es que en el rato que hemos ido al camping, casi todas las tiendas han cerrado y hay bastante menos ambientillo, pero aún así aún queda algunos turistas (españoles, por supuesto). Recorremos la zona vieja y acabamos a la orilla del río, viendo el atardecer.





